VINARÓS EN 1897 VISTO POR SINESIO DELGADO
JOHN J POLO
Sinesio Delgado (Isidro Sinesio Delgado García), escritor y periodista palentino, (1859-1928), incansable viajero por todos los rincones de España, comenzó a publicar sus relatos de visitas a provincias por orden alfabético, quiero compartir en este blog la crónica que realizó acerca de su estancia en Vinarós allá por el siglo XIX, concretamente en el mes de junio de 1897. Sus crónicas de “Apuntes de viajes” o “El pie en el estribo” son interesantísimas, así como las fotografías de época.
Todas las fotografías son originales en blanco y negro , se han restaurado y coloreado con IA.
Salimos para la provincia de Castellón de la Plana a las 5,25 de la madrugada. ¡Gracias a Dios que empiezo a cumplir mi misión de cronista!. El pobre Torregrosa, después de tres días de ajetreo, está que no puede moverse. Para que se pusiera de pie he tenido que deshacer materialmente su cama. Pero en cuanto hemos entrado en el vagón ha vuelto a reclinarse… y no ha habido fuerzas humanas que le hayan hecho gozar del magnífico panorama del camino. Para él la naturaleza es espléndida, se reduce a una colchoneta bastante deteriorada. ¡Porque ay, este coche de primera es inmundo! Entre las estaciones de Santa Bárbara y Ulldecona, unos cuantos kilómetros antes de llegar a Vinaroz, ocurrió ayer un percance ferroviario. Hacían el recorrido dos locomotoras enganchadas, y al llegar a un puentecillo de hierro, este se hundió de repente. La primera máquina había pasado; la segunda cayó desde la altura, rompiendo los enganches, y quedó deshecha y medio enterrada. El maquinista y el fogonero, malheridos, fueron llevados a Tortosa. Daba pena ver al monstruo con la panza al aire, los ejes rotos, los tubos abiertos, los émbolos desencajados y lleno de abolladuras, Y no dejaba de ser vistoso el espectáculo del transbordo de viajeros y equipajes, en una atmósfera de fuego, entre las apretadas malezas que bordean los terraplenes. Vinaroz. Campiña fértil cuajada de árboles y viñedos. La estación está a respetable distancia de la población, que aparece desde ella blanca, brillante, encuadrada en el primoroso marco del mar.
Comemos hoy por primera vez a las cuatro de la tarde, con un hambre de mil demonios, y en compañía de las moscas, demasiadas moscas.¡ He probado,oh! . Poder de la necesidad, el tomate crudo, entremés indispensable en esta tierra… y en otras muchas tierras parecidas. Luego nos hemos lanzado, somnolientos y cariacontecidos, a visitar el pueblo, que no es bonito, pero sí muy alegre.
Por la calle de Dozal, ancha, con casitas bajas con azoteas, y algunas puertas muy notables de arcos simétricos, hemos ido a parar al mar. El mar, cuando no se cruza el estrecho de Gibraltar en el Piélago y con viento de Levante, es hermoso y encantador, fascina y subyuga. El puerto de Vinaroz, limpio de buques por cierto, es amplio, bien defendido y solo da albergue a lanchas de pesca. Para aplacar la sed hemos ido a parar, casi sin saberlo, al café de España, sito en la plaza de la Constitución, la cual plaza no es hermosa precisamente. La gaseosa no sé qué tiene que sabe mal. ¿Qué echarán en ella para darla perfume?
Hay aquí varios casinos. ¡Ah! Los hombres del campo visten, en su casi totalidad, zaragüelles de color azul oscuro, medias que no cubren el pie, alpargatas abiertas y pañuelo puesto a guisa de gorro, o sombrero de alas anchas. Las mujeres no tienen en su vestimenta, detalle alguno particular, pero en el físico sí, porque son frescotas y guapas en su mayoría. Si Torregrosa no estuviese sin fuerzas para dirigir a nadie miradas lánguidas, a estas horas sabe Dios lo que habría ocurrido. La iglesia es de estilo gótico sencillo, pero tiene una fachada muy rara que pertenece a distintos órdenes, que no puedo especificar por mi falta de conocimientos, tantas veces confesada. A Morella, que dista de Vinaroz diez y seis horas, se puede ir en tartana. ¿Por cuánto dirán ustedes? ¡Por cinco céntimos!. La competencia ha sido siempre beneficiosa para el público, ¡pero llevada a ese extremo!.. En todas las paredes de esquina, impresa en letras gordas sobre la misma piedra, se lee esta sublime frase: ¡Republicanos! ¡No votar! Sano consejo que ha quedado estampado allí para enseñanza de las generaciones venideras. Hay teatro. En un saloncito modesto del Círculo de Artesanos suele dar funciones los domingos una compañía de aficionados locales. ¡Hemos ido a ver! Ojalá no, una piececita en dos actos, cuyo título no quiero decir, de las llamadas de enredo, del género inocente, que se basa en las siguientes cosas: en el eterno tío que no quiere que se case su sobrino, en la candidez del autor, que supone que se puede casar la gente con solo tomar un coche y dirigirse a la parroquia, sin previo arreglo y presentación de papeles, y en que nadie sepa con quién, ni como ni cuando se ha casado. Por lo demás, no carece de situaciones cómicas. ¡Claro! Así… ¡Ah! La citada representación era en Vinaroz estreno, aunque la zarzuelita data del año sesenta, y me quedo corto; y en cuanto los aficionados acabaron de pegar los cuatro tiros al primer acto, se formaron corrillos entre los caballeros del público, para discutir acaloradamente el mérito y defectos de la obra. ¡Ni más ni menos que en los pasillos del Teatro Español en las noches solemnes!.
La entrada con butaca costaba dos reales. Pero la butaca no era butaca, sino silla de Vitoria, y los actores tampoco eran actores. Ni es de esperar que puedan serlo nunca al paso que llevan. Sin embargo, un señor mayor que estaba en la fila delantera se volvía de vez en cuando a nosotros para decirnos: ¡Cantan molt be !. Siento de veras no poder visitar la escabrosa región del Maestrazgo, teatro de sangrientas batallas en las guerras civiles, pero el hombre propone y las circunstancias disponen. Tengo que hacer este viaje con tanta prisa… Y además, ¿qué sería de mi músico si se le empaquetara en una tartana durante tanto tiempo?.
Al apagar la luz empezaron a tocar la trompetilla varios mosquitos imprudentes… No sé si me han picado, porque las cuatro horas de sueño han sido de tumba. En la fonda de España no hay campanillas, ni timbres, ni cosas parecidas, y tiene uno que empezar "a veus " por los pasillos para que traigan agua si quiere lavarse. Ainda mais, el mozo de la fonda, o lo que sea esto, se parece como un huevo a otro al de la administración de diligencias de Ávila.
Habla lo menos que puede.
—De aquí sale una tartana para Benicarló, ¿verdad?
—Sí.
—¿A qué hora?
—Huit.
—¿Tarda mucho en llegar?
—Una hora.
Y se va sin que le pidan explicaciones. Por fortuna sus tres respuestas han sido tres verdades del Evangelio, porque efectivamente sale una tartana a las ocho y emplea una hora próximamente en el camino. Este es delicioso. Huertas, caseríos, perfumes… La carretera llena de carros cargados de mies y de tartanas que van y vienen. Se me olvidaba: hemos salido con algún retraso por haber tenido que esperar a la puerta del cuartel de la guardia civil a "la dona" del sargento que, como todas las "donas" del mundo, ha tardado en aviarse más de la cuenta… ¡Ah! El viaje de Vinaroz a Benicarló no cuesta más que un real. ¡Asombrémonos!
Sinesio Delgado Garcia (Támara de Campos, Palencia) 12 de diciembre de 1859-Madrid, 13 de enero de 1928).
Autor del reportaje.








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