jueves, 11 de diciembre de 2025

 LAS INCONSÚTILES DE LOS CARLISTAS 

JOHN J POLO 

Una escena de «Vacas», de Julio Medem (1992), película basada en la tercera guerra carlista protagonizada por Carmelo Gómez.  

 Finales de 1874 en plena tercera guerra carlista, Vinarós había sido tomada meses antes, el 17 de febrero de ese mismo año por las tropas de los generales carlistas el traiguerino Tomás Segarra Verges y el general tortosino Francisco Valles Roselló, logrando así un sueño que jamás pudo ver realizado el general Ramón Cabrera (El Zumalacárregui del Maestrazgo) en la primera guerra. El grueso de las tropas de Segarra y Valles hacía días que habían abandonado Vinarós, solo una pequeña guarnición de soldados carlistas continuaba en la ciudad.

 El Ejército del Centro, isabelino al mando del General Jovellar, se encontraba muy cerca, en Tarragona, los pocos carlistas que quedan en Vinaros son alertados y reciben la orden de abandonar la ciudad ante la gran superioridad numérica de las fuerzas de Jovellar y reagruparse con los facciosos en San Mateo. Una vez Vinarós sin carlistas, es José Rafels García quien viaja al encuentro del general Jovellar para solicitarle su ayuda. Cuando Jovellar llega a Vinarós, ya no queda ni un carlista en la ciudad. Jovellar sustituye al ayuntamiento que habían nombrado los facciosos, y nombra alcalde a Salvador Masdemón, posiblemente en aquella época el comerciante más rico de la ciudad, ordena reconstruir las murallas y publica el siguiente bando antes de irse hasta Benicarló, solo permaneció unas horas en Vinarós:

" Todo individuo perteneciente a las facciones carlistas que sea cogido sobre la marcha o en los pueblos del tránsito de columnas del ejército, con armas, boina u otro signo o divisa exterior que lo dé a conocer desde luego como carlista, será inmediatamente sometido a un consejo de guerra, considerado como espía y previa la justificación del caso, pasado por las armas. Quedarán sujetos a la misma pena de muerte los auxiliadores y encubridores de los indicados espías, si una vez publicado el bando de requerimiento y presentación en los pueblos y caseríos se hallarán, continuando favoreciendo la ocultación."

                                General Joaquin Jovellar Soler  


 El 17 de febrero de 1874 a las siete de la tarde los generales carlistas Tomás Segarra Verges y Francisco Vallés Roselló tomaron la ciudad de Vinarós.

 Pocos días después los isabelinos interceptaron un carruaje con dos labradores en las cercanías de Cinctorres, que procedía de Morella, ocultas en el carruaje habían más de 200 boinas carlistas confeccionadas en Morella, detenidos para ser interrogados, fueron fusilados al día siguiente. Lo de las boinas carlistas me hizo recordar a unas publicaciones sobre el origen de la boina que leí en varios periódicos carlistas del siglo XIX escrito por facciosos navarros y que paso a resumir.

 En principio llamaban a la boina una gorra inconsútil, al leer este palabro no me quedo más remedio que consultar a la RAE para saber su significado, y una vez ya aclarado el palabro inconsútil, vocablo obsoleto que ahora es sustituido por el vocablo anglosajón" seamless, paso a relatar como hablaban del origen de la boina los carlistas navarros en el siglo XIX. Decían que la boina era peligrosa, pues recibía censura en algunas localidades, persecución en otras y risa en Navarra. Decían que las boinas son una gorra inconsútil que hacen las mujeres y los pastores de estas montañas, lo mismo que las medias. Se abatana, y su duración es de muchos años, pues puede lavarse, y queda como nueva. Se ignora su origen, pero viene de siglos remotos. Su uso estaba limitado al antiguo Reino de Navarra en ambas vertientes del Pirineo, y nunca se extendió por el Norte, más allá de Bayona, y por el sur tampoco pasaba más al centro que a las aldeas de Pamplona. En Guipúzcoa, Álava y Vizcaya no era usada la boina, sino por algunos canteros, y otros de Navarra alta y baja, que pasaban a trabajar a estas provincias.

  Nunca se llamó boina, sino chapela, nombre vascongado, y al de boina se le puso al principio de la guerra civil en 1833. Al empezarse a vestir las tropas de D. Carlos, la junta de Navarra acordó que en lugar da gorras de cuartel u otra cosa, llevasen boinas, y para esto no consultó más que la economía que proporcionaba, por una parte, su mucha duración y facilidad de limpiarse, y por otra la circunstancia de que muchos se presentaban a servir con las boinas que traían de sus casas. De esta metida nació luego una espacie de distinción en los cuerpos y categorías, en el Batallón de Guías de Navarra, boina encarnada con borla corta amarilla, y lo mismo en la primera compañía de preferencia, de los restantes estos llevaban boina azul y el de los granaderos se distinguía por tener boina blanca. Los generales llevaban boina blanca con borla de oro larga. El Estado Mayor y la oficialidad de todos los cuerpos la llevaban encarnada con borla de oro o de plata larga, y originariamente lo mismo los empleados. En los batallones de Guipúzcoa había uno que llevaba boinas blancas, y conservando el verdadero nombre de chapela, le llamaban el batallón de chapelchuris, que quiere decir chapelas blancas. En las tropas de la reina había también un batallón que vestía boinas encarnadas, y le llamaban batallón de chapel-gorris, que quiere decir chapelas coloradas. En los paisanos el color de la boina no tenía significación ninguna antes, durante ni después de la guerra. Cada individuo usaba el color que la acomodaba, y ahora sucede lo mismo. El que quiera ver en una sola población ocho o diez mil hombres con boina o chapela, que venga en estos días de fiestas y de partidos de pelota a Pamplona, y los verá procedentes de Francia y de España, los unos con encarnadas, los otros con azules, y algunos con negras. Si la boina se generalizase en España, resultarían dos beneficios: el primero, que las mujeres del pueblo tendrian una labor más en que poder ocuparse; y segundo, la economía que resulta del uso de esta inconsútil prenda. Las boinas en Guipúzcoa, Álava y Vizcaya no se conocían antes de la guerra civil de 1833. Decían los carlistas hace más de 150 años en el sigo XIX que cualquier faccioso que se precie tiene que tener una inconsútil boina roja en su armario, hoy en el siglo XXI los carlistas continúan diciendo exactamente lo mismo

 

  Escena del cortometraje "El carlista"  (2021) de Mikel Navarro, basada en la tercera guerra carlista protagonizado por Telmo Aldaz de la Quadra Salcedo.

  Cuadro La cantinera y el carlista (2020)de la pintora Carmen Gorbe, en la pinacoteca del Museo Carlista de Madrid, de San Lorenzo de El Escorial 

El General Cabrera (El Zumalacárregui del Maestrazgo), con su característica boina blanca con borla de oro, cuadro : Cabrera con tropas de la División valenciana de su ejército. Mikel Olazábal, 2014,  pinacoteca del Museo Carlista de Madrid, de San Lorenzo de El Escorial 

 

 


 

 

 

lunes, 1 de diciembre de 2025

 VINARÓS EN 1897 VISTO POR SINESIO DELGADO

JOHN J POLO 

  Sinesio Delgado (Isidro Sinesio Delgado García), escritor y periodista palentino, (1859-1928), incansable viajero por todos los rincones de España, comenzó a publicar sus relatos de visitas a provincias por orden alfabético, quiero compartir en este blog la crónica que realizó acerca de su estancia en Vinarós allá por el siglo XIX, concretamente en el mes de junio de 1897. Sus crónicas de Apuntes de viajes o El pie en el estribo son interesantísimas, así como las fotografías de época.

Todas las fotografías son originales en blanco y negro , se han restaurado y coloreado con IA. 


  Salimos para la provincia de Castellón de la Plana a las 5,25 de la madrugada. ¡Gracias a Dios que empiezo a cumplir mi misión de cronista!. El pobre Torregrosa, después de tres días de ajetreo, está que no puede moverse. Para que se pusiera de pie he tenido que deshacer materialmente su cama. Pero en cuanto hemos entrado en el vagón ha vuelto a reclinarse… y no ha habido fuerzas humanas que le hayan hecho gozar del magnífico panorama del camino. Para él la naturaleza es espléndida, se reduce a una colchoneta bastante deteriorada. ¡Porque ay, este coche de primera es inmundo! Entre las estaciones de Santa Bárbara y Ulldecona, unos cuantos kilómetros antes de llegar a Vinaroz, ocurrió ayer un percance ferroviario. Hacían el recorrido dos locomotoras enganchadas, y al llegar a un puentecillo de hierro, este se hundió de repente. La primera máquina había pasado; la segunda cayó desde la altura, rompiendo los enganches, y quedó deshecha y medio enterrada. El maquinista y el fogonero, malheridos, fueron llevados a Tortosa. Daba pena ver al monstruo con la panza al aire, los ejes rotos, los tubos abiertos, los émbolos desencajados y lleno de abolladuras, Y no dejaba de ser vistoso el espectáculo del transbordo de viajeros y equipajes, en una atmósfera de fuego, entre las apretadas malezas que bordean los terraplenes. Vinaroz. Campiña fértil cuajada de árboles y viñedos. La estación está a respetable distancia de la población, que aparece desde ella blanca, brillante, encuadrada en el primoroso marco del mar.

 Comemos hoy por primera vez a las cuatro de la tarde, con un hambre de mil demonios, y en compañía de las moscas,  demasiadas moscas.¡ He probado,oh! . Poder de la necesidad, el tomate crudo, entremés indispensable en esta tierra… y en otras muchas tierras parecidas. Luego nos hemos lanzado, somnolientos y cariacontecidos, a visitar el pueblo, que no es bonito, pero sí muy alegre.

 Por la calle de Dozal, ancha, con casitas bajas con azoteas, y algunas puertas muy notables de arcos simétricos, hemos ido a parar al mar. El mar, cuando no se cruza el estrecho de Gibraltar en el Piélago y con viento de Levante, es hermoso y encantador, fascina y subyuga. El puerto de Vinaroz, limpio de buques por cierto, es amplio, bien defendido y solo da albergue a lanchas de pesca. Para aplacar la sed hemos ido a parar, casi sin saberlo, al café de España, sito en la plaza de la Constitución, la cual plaza no es hermosa precisamente. La gaseosa no sé qué tiene que sabe mal. ¿Qué echarán en ella para darla perfume? 

Hay aquí varios casinos. ¡Ah! Los hombres del campo visten, en su casi totalidad, zaragüelles de color azul oscuro, medias que no cubren el pie, alpargatas abiertas y pañuelo puesto a guisa de gorro, o sombrero de alas anchas. Las mujeres no tienen en su vestimenta, detalle alguno particular, pero en el físico sí, porque son frescotas y guapas en su mayoría. Si Torregrosa no estuviese sin fuerzas para dirigir a nadie miradas lánguidas, a estas horas sabe Dios lo que habría ocurrido. La iglesia es de estilo gótico sencillo, pero tiene una fachada muy rara que pertenece a distintos órdenes, que no puedo especificar por mi falta de conocimientos, tantas veces confesada. A Morella, que dista de Vinaroz diez y seis horas, se puede ir en tartana. ¿Por cuánto dirán ustedes? ¡Por cinco céntimos!.  La competencia ha sido siempre beneficiosa para el público, ¡pero llevada a ese extremo!.. En todas las paredes de esquina, impresa en letras gordas sobre la misma piedra, se lee esta sublime frase: ¡Republicanos! ¡No votar! Sano consejo que ha quedado estampado allí para enseñanza de las generaciones venideras. Hay teatro. En un saloncito modesto del Círculo de Artesanos suele dar funciones los domingos una compañía de aficionados locales. ¡Hemos ido a ver! Ojalá no, una piececita en dos actos, cuyo título no quiero decir, de las llamadas de enredo, del género inocente, que se basa en las siguientes cosas: en el eterno tío que no quiere que se case su sobrino, en la candidez del autor, que supone que se puede casar la gente con solo tomar un coche y dirigirse a la parroquia, sin previo arreglo y presentación de papeles, y en que nadie sepa con quién, ni como ni cuando se ha casado. Por lo demás, no carece de situaciones cómicas. ¡Claro! Así… ¡Ah! La citada representación era en Vinaroz estreno, aunque la zarzuelita data del año sesenta, y me quedo corto; y en cuanto los aficionados acabaron de pegar los cuatro tiros al primer acto, se formaron corrillos entre los caballeros del público, para discutir acaloradamente el mérito y defectos de la obra. ¡Ni más ni menos que en los pasillos del Teatro Español en las noches solemnes!. 

La entrada con butaca costaba dos reales. Pero la butaca no era butaca, sino silla de Vitoria, y los actores tampoco eran actores. Ni es de esperar que puedan serlo nunca al paso que llevan. Sin embargo, un señor mayor que estaba en la fila delantera se volvía de vez en cuando a nosotros para decirnos: ¡Cantan molt be !. Siento de veras no poder visitar la escabrosa región del Maestrazgo, teatro de sangrientas batallas en las guerras civiles, pero el hombre propone y las circunstancias disponen. Tengo que hacer este viaje con tanta prisa… Y además, ¿qué sería de mi músico si se le empaquetara en una tartana durante tanto tiempo?.

 Al apagar la luz empezaron a tocar la trompetilla varios mosquitos imprudentes… No sé si me han picado, porque las cuatro horas de sueño han sido de tumba. En la fonda de España no hay campanillas, ni timbres, ni cosas parecidas, y tiene uno que empezar "a veus " por los pasillos para que traigan agua si quiere lavarse. Ainda mais, el mozo de la fonda, o lo que sea esto, se parece como un huevo a otro al de la administración de diligencias de Ávila. 

Habla lo menos que puede.

 —De aquí sale una tartana para Benicarló, ¿verdad? 

—Sí. 

—¿A qué hora? 

—Huit. 

¿Tarda mucho en llegar?

 —Una hora. 

Y se va sin que le pidan explicaciones. Por fortuna sus tres respuestas han sido tres verdades del Evangelio, porque efectivamente sale una tartana a las ocho y emplea una hora próximamente en el camino. Este es delicioso. Huertas, caseríos, perfumes… La carretera llena de carros cargados de mies y de tartanas que van y vienen. Se me olvidaba: hemos salido con algún retraso por haber tenido que esperar a la puerta del cuartel de la guardia civil a "la dona" del sargento que, como todas las "donas" del mundo, ha tardado en aviarse más de la cuenta… ¡Ah! El viaje de Vinaroz a Benicarló no cuesta más que un real. ¡Asombrémonos!

 



Sinesio Delgado Garcia (Támara de Campos, Palencia) 12 de diciembre de 1859-Madrid, 13 de enero de 1928). 

Autor del reportaje.

 

 

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