LAS INCONSÚTILES DE LOS CARLISTAS
JOHN J POLO
Una escena de «Vacas», de Julio Medem (1992), película basada en la tercera guerra carlista protagonizada por Carmelo Gómez.
Finales de 1874 en plena tercera guerra carlista, Vinarós había sido tomada meses antes, el 17 de febrero de ese mismo año por las tropas de los generales carlistas el traiguerino Tomás Segarra Verges y el general tortosino Francisco Valles Roselló, logrando así un sueño que jamás pudo ver realizado el general Ramón Cabrera (El Zumalacárregui del Maestrazgo) en la primera guerra. El grueso de las tropas de Segarra y Valles hacía días que habían abandonado Vinarós, solo una pequeña guarnición de soldados carlistas continuaba en la ciudad.
El Ejército del Centro, isabelino al mando del General Jovellar, se encontraba muy cerca, en Tarragona, los pocos carlistas que quedan en Vinaros son alertados y reciben la orden de abandonar la ciudad ante la gran superioridad numérica de las fuerzas de Jovellar y reagruparse con los facciosos en San Mateo. Una vez Vinarós sin carlistas, es José Rafels García quien viaja al encuentro del general Jovellar para solicitarle su ayuda. Cuando Jovellar llega a Vinarós, ya no queda ni un carlista en la ciudad. Jovellar sustituye al ayuntamiento que habían nombrado los facciosos, y nombra alcalde a Salvador Masdemón, posiblemente en aquella época el comerciante más rico de la ciudad, ordena reconstruir las murallas y publica el siguiente bando antes de irse hasta Benicarló, solo permaneció unas horas en Vinarós:
" Todo individuo perteneciente a las facciones carlistas que sea cogido sobre la marcha o en los pueblos del tránsito de columnas del ejército, con armas, boina u otro signo o divisa exterior que lo dé a conocer desde luego como carlista, será inmediatamente sometido a un consejo de guerra, considerado como espía y previa la justificación del caso, pasado por las armas. Quedarán sujetos a la misma pena de muerte los auxiliadores y encubridores de los indicados espías, si una vez publicado el bando de requerimiento y presentación en los pueblos y caseríos se hallarán, continuando favoreciendo la ocultación."
General Joaquin Jovellar Soler
Pocos días después los isabelinos interceptaron un carruaje con dos labradores en las cercanías de Cinctorres, que procedía de Morella, ocultas en el carruaje habían más de 200 boinas carlistas confeccionadas en Morella, detenidos para ser interrogados, fueron fusilados al día siguiente. Lo de las boinas carlistas me hizo recordar a unas publicaciones sobre el origen de la boina que leí en varios periódicos carlistas del siglo XIX escrito por facciosos navarros y que paso a resumir.
En principio llamaban a la boina una gorra inconsútil, al leer este palabro no me quedo más remedio que consultar a la RAE para saber su significado, y una vez ya aclarado el palabro inconsútil, vocablo obsoleto que ahora es sustituido por el vocablo anglosajón" seamless”, paso a relatar como hablaban del origen de la boina los carlistas navarros en el siglo XIX. Decían que la boina era peligrosa, pues recibía censura en algunas localidades, persecución en otras y risa en Navarra. Decían que las boinas son una gorra inconsútil que hacen las mujeres y los pastores de estas montañas, lo mismo que las medias. Se abatana, y su duración es de muchos años, pues puede lavarse, y queda como nueva. Se ignora su origen, pero viene de siglos remotos. Su uso estaba limitado al antiguo Reino de Navarra en ambas vertientes del Pirineo, y nunca se extendió por el Norte, más allá de Bayona, y por el sur tampoco pasaba más al centro que a las aldeas de Pamplona. En Guipúzcoa, Álava y Vizcaya no era usada la boina, sino por algunos canteros, y otros de Navarra alta y baja, que pasaban a trabajar a estas provincias.
Nunca se llamó boina, sino chapela, nombre vascongado, y al de boina se le puso al principio de la guerra civil en 1833. Al empezarse a vestir las tropas de D. Carlos, la junta de Navarra acordó que en lugar da gorras de cuartel u otra cosa, llevasen boinas, y para esto no consultó más que la economía que proporcionaba, por una parte, su mucha duración y facilidad de limpiarse, y por otra la circunstancia de que muchos se presentaban a servir con las boinas que traían de sus casas. De esta metida nació luego una espacie de distinción en los cuerpos y categorías, en el Batallón de Guías de Navarra, boina encarnada con borla corta amarilla, y lo mismo en la primera compañía de preferencia, de los restantes estos llevaban boina azul y el de los granaderos se distinguía por tener boina blanca. Los generales llevaban boina blanca con borla de oro larga. El Estado Mayor y la oficialidad de todos los cuerpos la llevaban encarnada con borla de oro o de plata larga, y originariamente lo mismo los empleados. En los batallones de Guipúzcoa había uno que llevaba boinas blancas, y conservando el verdadero nombre de chapela, le llamaban el batallón de chapelchuris, que quiere decir chapelas blancas. En las tropas de la reina había también un batallón que vestía boinas encarnadas, y le llamaban batallón de chapel-gorris, que quiere decir chapelas coloradas. En los paisanos el color de la boina no tenía significación ninguna antes, durante ni después de la guerra. Cada individuo usaba el color que la acomodaba, y ahora sucede lo mismo. El que quiera ver en una sola población ocho o diez mil hombres con boina o chapela, que venga en estos días de fiestas y de partidos de pelota a Pamplona, y los verá procedentes de Francia y de España, los unos con encarnadas, los otros con azules, y algunos con negras. Si la boina se generalizase en España, resultarían dos beneficios: el primero, que las mujeres del pueblo tendrian una labor más en que poder ocuparse; y segundo, la economía que resulta del uso de esta inconsútil prenda. Las boinas en Guipúzcoa, Álava y Vizcaya no se conocían antes de la guerra civil de 1833. Decían los carlistas hace más de 150 años en el sigo XIX que cualquier faccioso que se precie tiene que tener una inconsútil boina roja en su armario, hoy en el siglo XXI los carlistas continúan diciendo exactamente lo mismo
Escena del cortometraje "El carlista" (2021) de Mikel Navarro, basada en la tercera guerra carlista protagonizado por Telmo Aldaz de la Quadra Salcedo.
Cuadro La cantinera y el carlista (2020), de la pintora Carmen Gorbe, en la pinacoteca del Museo Carlista de Madrid, de San Lorenzo de El Escorial










